Mi nombre es Cosimo, y desde 2011, soy el propietario del estudio fotográfico "Arte e Immagine". Nací en Barletta el 3 de septiembre de 1974, después de salir de la escuela a la edad de 16 años, entré en el mundo de la fotografía profesional de la ceremonia como asistente. Un entorno que, visto desde fuera, parecía hecho de festivales, elegancia, esplendor y muchos "amigos", pero que pronto lo fue para mí estar muy, muy difícil. Tal vez lo más difícil que cualquier otro entorno de trabajo para gente como yo cuando era joven tenía el concepto de fotografía como el "apuntar y disparar" clásico, pero que no podía entrar en una película en una cámara, además de no saber la diferencia entre el desarrollo y la impresión.
Desarrollo de la película, la impresión. Términos y conceptos para los que no tengo nostalgia, pero tal vez hoy marcarían la diferencia - económica si no técnica - que hubo y hay entre el fotógrafo profesional y el mero aficionado.
Era principios de los noventa y mi cabeza adolescente se rasgó trágicamente entre el deseo de aprender de memoria las dosis de blanqueo agua, fijación o estabilización, la variedad dominante de la luz y el color, la apertura y la velocidad de obturación en toda las condiciones imaginables y la terrible molestia para trabajar hasta las 22:00 y el trabajo el sábado y domingo. En pocas palabras yo estaba medio loco. Luego a los 18 años, me fui para el servicio militar, un orgullo para mi familia, una mala sarna de evitar por todos los medios y conveniente para la gente de mi edad. Veinte años más tarde, a juzgar retrospectivamente mi carrera y el modo de vida de algunos jóvenes de hoy, francamente no sé si el servicio militar era para mí una cosa buena o mala. Después de un año de servicio militar, en mayo de 1994 para que alguien (y tal vez incluso para mí) el tren para una carrera como fotógrafo profesional estaba irremediablemente pasado. Ciertamente cometí errores, algunos incluso grave, pero que no ha cometido errores como un hombre joven? Seguramente en esos años hice de estupideces, he cometido errores, pero he pagado todo con interés. Quizás más allá de mis deméritos y desde luego sin la ayuda de nadie.
A 20 años, yo estaba buscando un trabajo con un salario para vivir, porque en 1994 a los 20 años se consideraban - tal vez con razón - maduro, a diferencia de hoy, donde 30 años muchos no conocen un solo día de trabajo y esperanzada espera, tal vez de delincuentes, perdón, el político en el poder, un escritorio y un PC,a vegetar hasta la jubilación. Así fue que empecé a trabajar en una fábrica de zapatos. Siete años que he visto, oído y probado todo. Desde el trabajo no declarado a la intimidación, desde la camaradería con los otros trabajadores a los "santas escaleras" mensuales en el sindicato, los lacayos del "jefe" hasta el despido. En pocas palabras siete años que me han hecho un hombre.
¿Qué hacer ahora? Los años de trabajo en la fábrica, así como me hacen crecer, me enviaron una picazón y un "hambre" no es indiferente. Y con la picazón y el "hambre" era capaz de cualquier cosa, incluso que se remonta a un fotógrafo auxiliar con dos colegas, sino también grandes amigos. Hice un par de años para "mantener la luz ... !!!" con las risitas inevitable detrás de mí, que nunca fue apreciado. Pero al final, a quién le importa !!! Con pocos euros ganado comprado un viejo SLR (incluso con la película), una antigua torreta de flash Metz, así como libros y revistas sobre la fotografía y la edición de fotos. Mientras tanto, como la "ocupación principal" También hice al herrero y durante cuatro años, el albañil. También tomé el diploma en contabilidad y he pasado cinco exámenes en Ciencias Políticas. Pero en cuanto a mí, esto significaba tratar de construir algo importante, muchos creyeron que se trataba de mi certificación oficial de "fracasado". Siempre me refiero a esas risitas detrás
Así que en febrero de 2011, finalmente abro mi estudio, por supuesto entre GeneralLas escepticismo. Muy poco a poco, los resultados y las recompensas están saliendo porque trabajo y sacrificios a la larga siempre pago. Mi próxima meta es llegar a ser un fotógrafo de bodas. Me gustaría decirle a sus eventos más importantes, no de acuerdo a las normas clásicas, pero la adaptación de mi arte - porque a pesar de tabletas, teléfonos móviles y iPhone, la fotografía es un arte - a su sensibilidad y su gusto por lo exclusivo y siempre presentar sus memorias acariciadas e indeleble sus emociones. Tal vez yo no uso artículos de moda, pero trato de vender al cliente mi arte y mi profesionalismo. Apariciones y desfiles, la dejan con gusto a los demás.

Cosimo Campanella